Ahora sí, la definición de las artes.


O, por lo menos, la definición provisoria que va a ser utilizada para fines del mega-ensayo.


Mi primera aproximación a una definición concreta de las artes fue, curiosamente, con Nietzsche (la verdad es que previamente incursioné en la búsqueda de una definición a través de la lectura de Curso de Estética General de Milan Ivelic, un profesor en la Pontificia Universidad Católica; el libro lo encontré por casualidad en la biblioteca municipal de Talca y me condenó a un interés ferviente por las artes en su totalidad, un interés que estuvo gestando por mucho tiempo) a través de un texto recopilatorio de varios escritos sobre las artes. La definición en cuestión sería esta: La creación de formas y ritmos. Así de sencillo, así de breve. Lo fascinante de esta definición era que satisfacía de muy buen modo mi necesidad de una definición "mecánica" de las artes, que tratara más sobre su condición como fenómeno realizable y replicable que como concepto filosófico (pero aún con una medida de poética en su definición). Muchas definiciones de El Arte se preocupan de manera separada sobre sus medios, sus fines y sus contenidos; y es cierto que Nietzsche de igual modo se preocupa sobre los fines del arte... más que nada la manera en que el Hacer arte dignifica al hombre y lo eleva por sobre los otros hombres y cómo el Hacerse Parte del arte mediante su consumo satisfacía ciertas necesidades mentales. Aún así, de entre esos cientos de aforismos, se reitera la afirmación de que el arte es la creación de formas y ritmos.

Lo satisfactorio de esta definición además de su brevedad y naturaleza mecánica es que tanto formas como ritmos son términos muy intuitivos. Claramente el arte trata sobre las formas... trata sobre los cuadrados, sobre los círculos, sobre los triángulos, sobre los polígonos, sobre volumen, altura, longitud, radio; y naturalmente trata sobre los ritmos, sobre la maquinaria cinética del cuerpo al danzar, sobre las pausas entre cada verso, sobre la velocidad de los violines. Intuitivo e inclusivo. Todas las artes entran aquí. La poesía es formas y ritmos. La danza es más ritmos que formas. La literatura definitivamente es ritmos. La música instrumental quizá tenga solo ritmos. Es importante clarificar, de igual manera, que cuando Nietzsche se refiere a la dualidad entre formas y ritmos también está metiendo su dialéctica entre Apolo y Dionisio y que aunque esas ideas de igual manera tengan uso e interés no importan demasiado para la búsqueda específica de este mega-ensayo. Lo importante es que acá igual existe un fallo: la idea de la creación.

entra: alexander bogdanov con una teoría de las artes proletaria y no aristocrática

La idea de la creación es una idea endeble porque le otorga al ser humano/el individuo un poder divino comparable con Dios, un poder que no tiene. Pura termodinámica, inclusive.